Serie de filosofía · Parte 1 de 12

David Deutsch: la profundidad gana – pero aún no en lo que sabemos de nosotros mismos

Última actualización: 2026-07-28 · 5 min de lectura

El físico David Deutsch afirma que nuestro conocimiento no solo crece en amplitud, sino, sobre todo, en profundidad. Con el conocimiento sobre cada ser humano concreto, hasta ahora ha ocurrido lo contrario. La parte 1 de nuestra Serie de filosofía se pregunta por qué, y qué podemos hacer ya hoy al respecto.

Más amplio y más profundo

David Deutsch trabaja en Oxford y a menudo se le considera uno de los padres de la computación cuántica. En «The Fabric of Reality» (1997) describe cómo crece el conocimiento. Para él, el conocimiento consiste sobre todo en explicaciones, no en hechos: los hechos se pueden consultar. Con cada teoría mejor, nuestro conocimiento se vuelve más amplio, porque surgen nuevos campos, y más profundo, porque las teorías fundamentales explican cada vez más. Lo resume en tres palabras: «Depth is winning» (la profundidad gana).

En las personas, gana la amplitud

Si aplicamos esta idea a lo que la humanidad sabe sobre cada persona concreta, el panorama cambia.

Según estimaciones del Population Reference Bureau, a lo largo de la historia han nacido unos 117 000 millones de personas. Hoy viven unos 8000 millones, algo menos del 7 %. Cada generación suma más nombres, más fotos, más datos. Nuestro conocimiento sobre las personas es cada vez más amplio.

Pero no se vuelve más profundo. Por qué alguien tomó las decisiones que tomó, qué creyó, qué temió y qué aprendió: esas explicaciones desaparecen con casi cada muerte. Sabemos que antes de nosotros vivieron unos 109 000 millones de personas. Por qué vivieron como vivieron, casi nunca lo sabemos. La mayoría de nosotros ni siquiera conoce la vida interior de sus abuelos.

En términos de Deutsch: reunimos hechos sobre las personas, pero perdemos sus explicaciones.

El conocimiento no necesita a nadie que lo sepa

Deutsch tiene una definición notable del conocimiento. En «The Beginning of Infinity» (2011) lo describe como información que, una vez plasmada físicamente en un entorno adecuado, tiende a mantenerse así por sí misma. Siguiendo al filósofo Karl Popper, subraya que el conocimiento no necesita que alguien lo sepa en ese momento. Un libro contiene conocimiento aunque nadie lo esté leyendo.

Eso tiene una consecuencia muy concreta. Lo que una persona ha comprendido puede sobrevivirle, pero solo si está plasmado en algún lugar. Los pensamientos que solo existen en la cabeza de alguien terminan con esa persona. Las explicaciones escritas pueden permanecer, ser leídas, cuestionadas y servir de base para seguir construyendo.

Los problemas tienen solución, incluido el olvido

«The Beginning of Infinity» transmite un mensaje optimista: los problemas son inevitables, pero tienen solución. La humanidad no está al final, sino al principio. Hacia el final del libro, Deutsch llega a sugerir que la enfermedad y la vejez se curarán en el plazo de unas pocas vidas humanas, y que la tecnología podría crear copias de seguridad del estado de los cerebros.

Si eso ocurrirá, y cuándo, es una pregunta abierta, y muchos expertos son bastante más escépticos. Pero, según la lógica de Deutsch, olvidar a las personas es exactamente eso: un problema. Y los problemas tienen solución.

El período de transición

Los grandes avances casi siempre traen consigo un período de transición en el que las personas hacen a mano lo que más tarde ocurrirá de forma automática. Y ese trabajo manual a menudo se convierte en la base.

No existe ni una sola grabación de la música de Johann Sebastian Bach hecha en vida del compositor: la tecnología llegó más de un siglo después de su muerte. Aun así, conocemos su música, porque quedó escrita en partituras. La notación musical fue la herramienta de la transición, y fue lo bastante buena como para llevar la música a través de los siglos hasta que la grabación fue posible. Nunca quedó obsoleta: las orquestas siguen tocando con partitura.

En lo que respecta a preservar a las personas, estamos en un punto similar. Aunque algún día sea posible hacer una copia de seguridad de una mente, eso no ayudará a nadie que haya vivido antes. Hasta entonces, cada uno tiene que dejar registrado por sí mismo lo que debe perdurar.

Perrenix: una herramienta para la profundidad que funciona hoy

Aquí es donde entra Perrenix. No como un concepto para el futuro, sino como una herramienta que funciona ahora. Cada día respondes una pregunta con tus propias palabras. Con los meses y los años no surge un currículum ni una colección de fotos, sino aquello que normalmente se pierde: tus explicaciones. Por qué decidiste lo que decidiste, en qué crees, qué has aprendido. Y tú decides quién puede leerlo y cuándo.

Es la notación musical de una vida. Nadie sabe hoy cómo la tecnología del futuro podría usar algún día este tipo de registros. Solo hay dos cosas seguras: ninguna tecnología puede recuperar lo que nunca se registró. Y cualquier forma de preservación que esté por venir dependerá justamente de lo que tú puedes empezar a construir hoy: un registro profundo de tu propio pensamiento, formado a lo largo de los años.

La conclusión lógica

La profundidad solo puede venir de dentro. Otros pueden reunir hechos sobre ti. Solo tú puedes escribir tus explicaciones.

Estamos al principio. Somos la primera generación en la que cualquiera puede crear, con poco esfuerzo, un registro profundo de sí mismo.

La transición es ahora. Esperar a la tecnología perfecta significa perder los años en los que podrías haber registrado lo que te hace ser quien eres.

Tres preguntas para seguir pensando

  1. ¿Qué decisión de tu vida no podrá explicar más adelante nadie más que tú?
  2. ¿Qué sabes de la vida interior de tus abuelos y qué no sabes?
  3. ¿Qué explicación sobre ti debería seguir existiendo dentro de cien años?

Fuentes